Las calles, las clases, mi barrio, mi casa, seguían siendo los mismos, y sin embargo hablaban con voces distintas. Espera, me parecía escuchar a cada paso, tienes que esperar, no seas tonta, estate quieta, espera. Cada mañana, cuando salía de casa, intuía que iba a ocurrir algo distinto, grande, nuevo, y me sentía al mismo tiempo muy joven y muy mayor, consciente por una parte de que todavía no había empezado del todo aquello que alguna vez yo consideraría mi propia vida, cansada por otra parte de que todo siguiera siendo igual, por más que siempre prometiera estar a punto de empezar a ser diferente.

Estaciones de paso - Almudena Grandes

Esta mujer a veces escribe cosas muy muy como su apellido.