Voz1: Venga hombre Esther, no me seas gilipollas, está bien que te obligues a hacer aunque sea breve un comentario sobre el último libro que te has leído, pero esto…
Voz2: Pero vamos a ver, ¿es un libro o no es un libro?
Voz1: Sí.
Voz2: Pues sanseacabó.

Bueno, pues aunque en mi mesilla tengo otra cosa, en estos últimos 6 días me he leído el libro de la autoescuela…

Voz1: Lo ves, es patético.
Voz2: Cállate.

16 capítulos, unos más entretenidos como las señales o los primeros auxilios y otros más rollos como los tipos de vehículos o el mantenimiento del coche. Este último el peor capítulo. Digo yo, que para qué me voy a aprender las averías y las posibles causas, llevo el manual en el coche y si pasa algo lo consulto, y si no, lo llevo al taller y que me digan ellos qué pasa, y a tomar por saco.

La verdad es que no he tardado mucho porque ayer me pegué la panzada. Quiero presentarme cuanto antes y pasar lo más rápido que pueda por este trámite, no tengo ganas de pensar en coches precisamente. También ha habido cosas que es que me parecían de perogrullo y cosas que ya sabía, todo lo de dentro del vehículo, o qué es el ESP, el ABS, el control de tracción, que hay coches de tracción delantera, trasera, 4×4, técnicas de conducción económica…

Creía que no había problema, que estaba preparada para sacarme el carnet, hasta me hizo ilusión cuando salí de la autoescuela con la matrícula hecha. Pero no está siendo como esperaba, no puedo evitarlo, me asaltan mil recuerdos con cada tontería.

- Tema de regularse el asiento. Me acuerdo de como siempre que me sentaba a una de sus clases de conducción me tenía que poner el asiento lo más alante posible, que eso está en la parte de debajo del asiento, que algunos coches puedes mover el volante y otros no, que en los coches más chulis las palanquitas para mover el asiento eran eléctricas, que el primer coche que me dejó conducir fue el famoso Mini amarillo.

- Señal de adelantamiento. Ay los adelantamientos qué miedo me daban, daba igual que no viniese nadie que yo como no lo veía me cagaba. O algún adelantamiento que sí fue peligroso.

- Señal de rotonda. “¡Wiiiiii!” Me encantaba la forma en que tomaba a veces las rotondas.

Y si siguiese, Wordpress petaría con este post porque me pasaría de caracteres.

El verano pasado estaba emperrada en que jamás me sacaría el carnet del coche, que iría en transporte público o de copiloto de por vida, pero a los meses cambié de opinión porque me pareció una infantilidad, y lo es. Pero lo que pasaba, y me sigue pasando, es que tengo un miedo terrible a que durante el resto de mi vida, cada vez que me meta en un coche, piense en ti.

Voz1: Lo ves, eres tonta, al final no has hecho comentario del libro realmente.
Voz2: Escrito está, me da igual el pufo que haya quedado, estás en el trabajo y no es el sitio adecuado para pensar en esto, añado la categoría de Personal y listo.