Ayer jueves cogí a las 4 menos veinte el tren en Atocha. Línea C-5, la naranja como yo digo, y me senté en uno de los dos asientos de al lado de las puertas. A mi lado se sentó un chico, pero no me fijé en él. A la altura de Puente Alcocer, inmersa en mis pensamientos, escucho una voz:

- ¿Vas a Leganés a la Carlos III?

Miro. Sí, el chico de al lado me está hablando.

- Sí.

- Ah mira, yo también, estoy estudiando un máster de ingeniería industrial de… - y me medio cuenta su vida. - Me suena haberte visto antes.

- Uy, pues no sé, tú a mi no me suenas. Será de haber coincidido en el tren.

Con la cantidad de gente que ve uno al día, y dice que me ha visto antes. O estoy más buena de lo que considero o me suena a trola.

- Sí, tu cara, no sé. Sí, creo que te he visto en la biblioteca algún día.

- Pues va a ser que no, porque llevo viniendo una semana y no sé siquiera dónde está la biblioteca.

Jódete, te ha salido el tiro por la culata.

- Ah, te debo de haber confundido con otra chica.

- Eso va a ser.

En ese momento la situación se vuelve un poco incómoda. No sé si seguir a lo mío o esperar que siga hablando. Tras como 5 segundos, vuelve a hablar. Ya no sé qué dijo, pero seguimos hablando de clases, trabajo, el estudiar hasta Leganés. Allí yo empecé a andar rapidito, y se lo dije por educación:

- Perdona que corra pero es que ya es tarde y este profesor se enfada si entras ya empezada la clase.

Y el tío me sigue, aun habiéndome dicho que él tenía clase una hora más tarde, vamos que no tenía prisa. Ya dentro me dice:

- ¿Cómo has dicho que te llamabas?

¿Por qué lo pregunta así? Sabe perfectamente que no le he dicho mi nombre.

- Esther, ¿tú?

- Abel. Rima. Esther, Abel.

Esther rima con Javier. Te ha salido la gracia muy muy muy mal.

- ¿Y de dónde eres? ¿No eres de por aquí no? - me pregunta. ¿WTF? ¿Tengo cara de guiri? ¿Acento de… yoquésédónde?

- Sí sí, soy de la sierra, de aquí de Madrid.

- ¿Pero eres de aquí? - ¿pero yo qué te he dicho?

- Soy de Madrid de toda la vida.

Ya en el edificio nos despedimos cada uno por nuestro camino, pero termina diciéndome que ójala nos volvamos a ver por ahí, pero con unas palabras y un tono que parecía que me estaba tirando los tejos más que siendo educado. Sí sí, lo mismo digo, seguro que coincidimos algún día en el tren majo. Menos mal que no me pidió el teléfono.

Me sabe mal haber pensado así y haberme comportado educadamente y simpática. Me siento una falsa, pero es que si dijésemos todo lo que pensamos, seríamos unos bordes intratables. Es difícil saber comportarse correctamente ante un desconocido, que no sabes cómo es ni qué reacción va a tener a lo que digas. Una en el momento, lo que piensa es que el chico pues se aburría, es hablador, le apetecía charlar y lo hizo, y ya está, es así. Pero es que luego te paras a analizarlo y “huele raro”. ¿Cómo supo que iba a la universidad? Iba vestida bien, de oficina, pantalones negros de vestir, camiseta negra seria, zapatos, el bolso y dos bolsas que bien podían ser de venir de compras. En una llevaba la carpeta, sí, pero si lo supo por eso, quiere decir que miró lo que contenían mis bolsas, y eso pues me molesta.

No me gustan nada estos momentos en los que te pones a analizar situaciones sucedidas y te das cuenta de que hay cosas que te sientan muy mal pero en el momento en el que ocurren “pasas”, le quitas importancia y te callas.