Se despertó sudando, tapada con el edredón y dolor en el cuello. Por un momento pensó en abrir los ojos y comprobar cuánto tiempo le quedaba hasta que sonase el despertador, idea que desapareció al escuchar la fuerte respiración que tenía a su lado. Ya era domingo, no había que ir a trabajar. Abrió los ojos y salió del letargo del sueño al verle enfrente, dormido. Fue consciente de lo que había ocurrido aquella noche.
Se destapó y decidió levantarse, delicadamente para no despertarle. Tenía sus ventajas no dormir en el lado de la cama de la pared. Cogió la camiseta que él le había prestado como pijama, demasiado grande pero a la vez cómoda, para echarse sobre la cama sin quedarse fría. Mientras se metía en la enorme prenda le escuchó:
- Mmmm… ¿dónde vas?
- Shhh a ninguna parte.
No había logrado mantenerle dormido, pero en pocos segundos se acurrucaba a su lado, poniendo la cabeza en su brazo extendido mientras él posaba su otra mano en la cintura. Inspira, espira. Inspira, espira. Inspira, espira. Había vuelto a quedarse dormido. Era increíble su capacidad para caer tan rápido en el sueño. Tenía el cuello torcido, aquellas almohadas necesitaban una jubilación por otras más altas y fuertes, seguro que le ayudarían a respirar mejor, y a ella a evitarse el dolor de cervicales que tendría los días posteriores.
A pesar de tener la ventana abierta, la habitación aún olía a incienso. Él, a sudor. ¿Cómo podía dormir con ese calor? Parecía un niño grande cuando se quedaba dormido. Sonreía en sueños, Mientras se aprendía cada rincón de su rostro, se apagaron las farolas del centro de Madrid. ¿Y las velas? Se habían consumido. ¿Qué hora sería? Mejor no saberlo. Empezaba a amanecer y le entristecía, deseaba que el tiempo se parase porque era consciente de que en algún momento tendría que irse y no quería salir de aquel abrazo. Pensó en dormirse, pero cada vez que cerraba los ojos le veía en su mente. ¿Para qué imaginarle si podía verle? Era mejor mantenerlos abiertos y dormirse por cansancio.
Se dio media vuelta lentamente, para cambiar de postura. Su mano colgaba de la estrecha cama. Con un dedo, empezó a recorrer su mano, desde el comienzo del pulgar hasta el extremo del índice, despacio, disfrutando de la suavidad de su piel, una y otra vez. Parecía un dedo interminable.
Media vuelta de nuevo. No parecía que fuese a volver a dormirse. Tampoco debía, ya era de día y prefería despertarle a que la despertase. Estaba tan guapo dormido… Era difícil contener las ganas de tocarle, de abrazarle. Era más que difícil, incontrolable. Un beso en el brazo. Otro. Otro más, y fue subiendo hasta su hombro. Estaba empapado en sudor. Él se movió, y le besó en los labios.
- Buenos días princesa.
- Buenos días.
- ¿Qué hora es?
- ¿Qué más da?
- Tienes razón. ¿Llevas mucho despierta?
- Un ratito.
Otro beso. Y otro. Y volvieron a amarse, sin saber que ese era el último día que se verían.
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Ida de pinza de las mías en uno de mis momentos de aburrimiento entre autobuses, metros y trenes. Es una mierda, pero con que a uno le guste, me doy por contenta.
4 Respuestas en "Despertar"
Pues a mi me ha gustado, así que ya puedes estar contenta
Me ha recordado ciertas ocasiones, pero a la vez me ha preocupado el final que le has dado, no me gustan las historias que acaban mal (pero a la vez son las mejores)
Entonces ya toy feliz ^^ Gracias.
Y si son dos, el doble de feliz? A mi también me ha gustado
Desde luego eres tu peor crítica porque a mí me parece que está muy bien escrito ^^ No hay que dejar que se escape la inspiración, ya sea en el metro, en el tren o el autobus.
Pon en funcionamiento esos deditos