Hace ya semanas ponía Avería un post sobre lo despistada que era, y le respondía que yo también, a veces no sé en qué mundo vivo. Pero en ese momento no sabía dar ningún ejemplo. Fue decir eso e irme a la ducha. En ella, mientras me lavaba el pelo digo “joe qué poca espuma, me he quedado corta”, me echo más y me doy cuenta de lo suave que se me queda… Gilipollas. Tenía invasores en casa y alguien le dió la vuelta al acondicionador, así que me lo eché creyendo que era el champú.
Hoy he tenido otro, pero es peor aún, porque es la segunda vez que me pasa. Lo de tomar café por la tarde se terminó hace mucho, ahora bebo cuando me da la vena zumo, y casi siempre hay Don Simón. Una vez, fui a echarme un vaso, y cogí el tetrabrick porque ponía la marca, y mientras me echaba miré el color “coño, qué claro”. Me había echado caldo de pollo. Y esta tarde, me he echado sangría.
Soy gilipollas, sí, pero es que eso ya sería otro post.
Como casi todos los días últimamente, hoy he soñado. Recuerdo a estas horas ya poco, pero sí dos cosas.
La primera, que en el sueño, no sé a cuento de qué, aparecía Alexliam. Intercambiábamos un par de frases, no me acuerdo de más.
Y lo segundo, que justo ha sonado el despertador en medio de una parte en la que yo estaba cantando una canción. Mientras desayunaba la repetía, y me dije que la grabaría para no olvidarla y compararla, pero se me ha olvidado. Me parece que un trozo era parte de una canción de Efecto mariposa, algo de resucitar, pero el resto era totalmente nuevo. Me pregunto si seremos capaces de componer letras y música dormidos. Quizás no es nuevo y lo que pasa es que no he sido capaz de encontrar de qué canción habré sacado ese tarareo.
Deseando esta noche que mañana nunca llegue.
Incontables sueños y amores y pérdidas,
y lloro y lloro y lloro aunque me golpee la lluvia.
No me expongas, no así.
Necesito algo para seguir viviendo.
Si no puedo creer en mi misma, ¿en quién puedo creer?
La respuesta está tan cerca que no puedo verla.
Derramando lágrimas negras.
No soy nada, llena de dolor,
incapaz de decir una palabra.
Esta pena fluye en mi interior y
no lo puedo afrontar sola.
Lloré en medio de la noche, dibujé un rostro que no es el mío,
que oculta mi debilidad. Voy a parar de sonreir…
No me expongas, no así. ¿Es lo más difícil del mundo entero
seguir viviendo?
Si proviene de ti, está bien que sea intangible.
No quiero más cosas que se rompan.
Derramando lágrimas negras, llorando.
El mañana viene con una cara que no conozco.
Atrapada con este mismo dolor
si tengo que seguir así, todos los días,
entonces quiero desaparecer para siempre, muy lejos,
sé que es egoísta, pero…
Es que acabo de terminar de ver Nana. No tengo palabras.
La verdad es que si hoy me pusiese a escribir, sería tan sumamente profundo, tan paranoico, que paso de espantar a los pocos lectores que tengo. Asín que na, toca que de mis impresiones del último libro que he leído, La biblia de barro, de Julia Navarro.
Es la historia de Clara Tannenberg, una arqueóloga cuyo abuelo le ha traspasado la necesidad de encontrar unas tablillas en las que un escriba escribió la primera Biblia, contada a él por Abraham. Pero su abuelo tiene un pasado bastante oscuro, y existen personas interesadas en que mueran, unos solo deseosos de acabar con él y de paso con su descendencia, otros con el único objetivo de robar el hallazgo si es que lo lograsen. Creen que las tablillas están en Irak, y nos situamos al inicio a algo menos de un año para que comience la guerra, por tanto la excavación que deciden hacer, va con prisas.
El argumento puede sonar más o menos bien, pero nada más lejos de la realidad. Yo al menos comienzo sin saber qué tipo de repercusión implicaría la existencia de esas tablillas, solo sé cuatro cosas del cristianismo. Pero quitando eso, es que da igual, el libro es caca de la vaca, se hace eterno, aburrido, no engancha lo suficiente. Hasta el final no te enteras de quién es quién ni de los motivos que tienen para matar al abuelo y a la nieta, te haces un lío de nombres, no te enteras. Es un best-seller, pero debo ser una ignorante porque no entiendo por qué.
Creo que es mejor invertir el dinero en otro libro.
Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.
Groucho Marx.
Casi me confundo de autobús. Iba convencida de que lo tenía que coger en la acera de en frente, y hasta que no llegué no me di cuenta de que tenía que cogerlo en la dirección contraria. Con la de veces que he ido, y en un verano casi lo borro de mi mente. Y de nuevo, mi manía de mirar cada coche que pasa y su conductor.
Han vuelto a mí recuerdos que tenía enterrados. Cada esquina de ese lugar es un momento. El césped, los bancos, los pasillos, y acelero porque me cuesta respirar. Unos chicos que al oir tacones miran y se levantan para dejarme pasar, “no, no, tranquilos”, y uno responde algo ininteligible, me habrán confundido con una profesora.
El lugar sigue siendo el mismo, pero yo no. Ójala sólo tenga que volver allí un día más.