Antesdeanoche terminé Paula, que ya mencioné en el último libro que os comenté, La casa de los espíritus. No sé si decir que Paula es una novela, porque novela suena a ficción, pero tampoco autobiografía, porque no va con esa intención. Yo diría que es un conjunto de pensamientos recogidos a lo largo de cierto tiempo y finalmente publicados.

Isabel Allende empieza escribiendo a modo de desahogo y evasión mental para su hija Paula, ingresada en un hospital madrileño con porfiria e inconsciente nosesabeporqué. Ahí trata de contarle a su hija su vida, la de Isabel no la de Paula, para que cuando despierte y no recuerde su pasado, al menos lo rellene con su historia. Se lo dirige a ella, e intercala los momentos de recuerdos, con el presente, la evolución de su enfermedad y cómo está afectándole a ella, a su familia, a Ernesto, marido de Paula.

Por una parte, la emocionante vida de Isabel creo que te hace entender mil veces mejor La casa de los espíritus. Queda claro como el agua que su primera novela es un reflejo de su vida y la de su familia. Lo ves en pequeños detalles como la mesa de tres patas, la antigua novia de su abuelo que era preciosa y sus ideas conservadoras, las premoniciones de la Memé, la amistad con el futuro presidente del país, la dictadura… Personalmente también me toca adentro el ver que una mujer con sus 44 años y sus dos hijos, todavía tiene posibilidades de rehacer su vida y encontrar de nuevo el amor, que nunca es tarde…

Por otro lado está la desgarradora historia de Paula, de cómo vive Isabel y la familia todo el proceso de la enfermedad, la lucha de una madre por su hija y su tozudez en que se recuperará. O las visitas de Ernesto hablando a su princesa durmiente, besándola, cuidándola. Casi recién casados y recibe ese mazazo.

Y a lo mejor todo esto no llegaría tan al alma si supiésemos que es ficción, pero cuando sabes que es algo completamente real, es como vivirlo, como que tú estás compartiendo esos momentos al lado de Isabel escuchándola. Dudo que haya habido noche en la que no haya terminado llorando. Ojalá nunca me ocurra una cosa así, prefiero perder a una persona de golpe, que perderla poco a poco sin tampoco haberme podido despedir de ella. No sé de dónde salen las fuerzas para tener esperanza cada día.

¿Recomendar su lectura? No lo sé. Ni si ni no. Depende de la persona y del molde en que esté hecha. Se pasa mal, pero acabas con la sensación de haber aprendido mucho, y con ganas de darle un fuerte y profundo abrazo a esta gran mujer.