Lo terminé, por fin. Pensar en esta novela es sentir rabia, impotencia. No soy capaz de entender cómo vivía la gente en siglo XIV, cómo podías ser feliz si todo lo que hay son trabas, leyes injustas, religiones radicales, traiciones… Hubo una noche en que me puse de tan mala leche que casi estampo el libro contra el armario, porque no podía entender como hay gente tan malvada y retorcida. Es sólo un libro, ficción, sí, pero es que me meto tanto en las historias que las vivo como el protagonista, lloro, río, me cabreo y me dan ganas de meterme de veras en esa vida y hacer las cosas de otra manera. Me alegro de vivir cómo vivo, ahora y aquí, y no lo cambiaría.

La novela se sitúa en Barcelona. La catedral de Santa María se presenta a lo largo de todo el libro, y la verdad es que me dan ganas de ir y verla con mis propios ojos.

Ha sido entretenido, considero que es un buen libro, pero no entiendo por qué es número uno en ventas. No me ha parecido tan tan asombroso, ni que te deje marcado como pudo hacerlo por ejemplo La sombra del viento o Los pilares de la tierra. Que por cierto, no tienen absolutamente nada que ver, uno piensa en una catedral, un libro, y recuerda Los pilares de la tierra, y no, no se parecen en casi nada.

¿Lo recomiendo? Ni sí ni no. ¿Lo volvería a leer? No.