No me gusta poner títulos a las cosas. Todo tiene que ir con su titulillo. Un libro, una película, una canción, un disco, una página en la que deberías rellenar algo entre <title> y </title>, un blog, un post.

Nada más entrar a postear algo, lo primero que ves, el título. Sabes de qué quieres hablar, pero ya le tienes que poner un título, un resumen, pero sin contarlo todo en él. O pasas olímpicamente, escribes tu rallada hasta el final y lo dejas para el final, y luego resulta que no te sale nada. No sabes qué poner. Peluche lo hizo bien desde un principio, número de post, fecha y andando.

Por eso le puse esta chorrada de título al título (¿no hay sinónimo?). No sabía qué ponerle, no tenía ni mi primer post, y ya había que decir en pocas palabras qué era esto y qué tenía. No se me ocurrió nada y dejé que busco título.

Me repatea que algo como poner un título me cueste tanto, y que sea algo que tiene importancia. Al fin y al cabo, es lo primero que se lee, estemos hablando de lo que estemos hablando, es la fachada, la presentación. En cosas como un libro, puede hacer que te decidas por comprarlo o no. Todas putas. Llama la atención. Si lo hubiese llamado, Todas iguales, a lo mejor ni lo hubiese publicado la editorial.

Los títulos son una primera impresión y una barrera a lo que hay tras ellos. Sólo una vez conocido lo de dentro puedes opinar.