Dos días hace que terminé este libro. Lo podría haber terminado mucho antes, es corto, pero es que es malo y pesado, y muchos días no he leído porque prefería dormirme a aburrirme. En esta ocasión Stephen King me ha decepcionado. He leído mucho de él, y este ha sido el peor. ¿Por qué? Porque la trama no tiene pies ni cabeza. Vale, el extraterrestre de Los cazadores de sueños también era muy fantástico, pero ahí la cosa es muy distinta. Aquí aparece un coche de la nada, un coche que no puede moverse, y que por lo visto se comunica con un mundo alternativo donde, o se lleva a alguien por el maletero o expulsa a un repugnante bicho. A mi parecer es demasiado poco creíble.

Y los bichos, los puñeteros bichos. Con la disección del murciélago se me puso mal estómago. Sí, este hombre escribe cosas un poco fuertes a veces, pero la forma en que te lo hace pasar mal aquí no me gusta nada.

Tanto en películas como en libros, me pasa a veces que escucho o leo una frase, y se me queda en la cabeza, repitiéndose, la leo varias veces, la disfruto… Y cuando leo una, siempre me digo “Ahora no me voy a levantar a apuntarla, mañana” y al final no lo hago.

Esta vez he ido recordando los número de páginas y acudiendo a ellas para apuntarlas aquí. Estas son las frases que me han hecho parar la lectura, y volver a leerlas. Stephen King es Stephen King, y siempre te encuentras alguna perla.

La curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo resucitó.

La tiranía más severa es la de la pasión.

Llega un día en que la mayoría de la gente ve cómo está el panorama y se da cuenta de que no arruga los labios para darle un beso en la boca a un destino sonriente, sino porque la vida acaba de meterles en la boca una pastilla de sabor amargo.

Los 7 € de la edición de bolsillo no merecen la pena. Ahora toca algo que parece mejor, va por su 19ª edición: La catedral del mar.